¡Feliz fiesta de María Auxiliadora 2021!

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El patio del Oratorio era un campo de batalla. Aquel elefante blanco que cuando apareció de improviso parecía tan dócil y manso, había comenzado a atacar a los muchachos. Los levantaba por alto, los arrojaba al suelo pisoteándolos. El desconcierto era total: unos gritaban; otros lloraban; otros al verse heridos, pedían auxilio a los compañeros. Sorprendentemente algunos jóvenes a los que la bestia no había hecho daño alguno, en lugar de ayudar y socorrer a los heridos, hacían un pacto con el elefante para proporcionarle nuevas víctimas.

Entonces algo maravilloso sucedió. La pequeña estatuilla de la Virgen que estaba colocada en un lugar del patio, tomó vida y aumentó de tamaño. Se convirtió en una mujer de estatura elevada, levantó los brazos y al abrir el manto este alcanzó tales proporciones que llegó a cubrir a todos los que acudían a guarnecerse debajo de él. Como el desconcierto seguía y muchos no se apresuraban a acudir a Ella, la estatuilla gritó en voz alta: ¡Acudid todos a mí!

El elefante proseguía causando estragos mientras que la Virgen, angustiada, con el rostro encendido, continuaba gritando. Algunos de los muchachos que se habían refugiado bajo el manto, comenzaron a hacer incursiones para arrebatar al elefante alguna presa y transportar a los heridos bajo el manto de aquella estatua misteriosa Al instante, nada más llegar, quedaban sanados de sus heridas. De repente, el elefante desapareció como había venido, dejando el patio desierto con una multitud de jóvenes cobijados bajo el manto de la estatua de la Virgen.

Don Bosco tuvo este sueño en 1862. Hoy es 24 de mayo de 2021 y pienso que cada una de las estatuas de la Virgen que hay en nuestras casas también han crecido de tamaño para acoger entre sus brazos a tantas personas necesitadas de alivio. Cuantas mayores sean las dificultades, más grande será el manto de la Virgen para poder encontrar en él refugio, consuelo y paz. Como en el sueño, Ella no deja de gritar y convocarnos. María nos pide que no nos conformemos con estar nosotros a cubierto, sino que seamos valientes y nos convirtamos en emisarios suyos para con nuestro ejemplo, nuestra fe y nuestra esperanza, seguir acercando a ella a quienes viven desorientados, tristes y en peligro.

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