Las impresiones del Inspector tras visitar las 51 Casas: ¡Realmente algo nuevo está brotando!

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Fernando García, provincial de la Institución Salesiana en la Inspectoría de Santiago el Mayor, concluye este fin de semana su itinerario de visitas a lo largo del territorio. Una inversión en el acompañamiento a las distintas Casas que ha requerido de todo un curso de esfuerzo y adaptación. Ahora, con una visión más amplia y renovada del tejido salesiano, comparte con nosotros su recorrido en esta entrevista:

 

¿Cuánto tiempo ha durado este ciclo de visitas? ¿Cómo ha sido la organización del cronograma?

Comencé el 1 de septiembre en León y he concluido el 4 de junio en Villamuriel. He podido realizar la visita a las 51 casas de la inspectoría. Junto con el diálogo personal con cada uno de los salesianos, he tenido la oportunidad de hablar con todos aquellos que ocupan puestos de responsabilidad en nuestros ambientes, con los equipos directivos y consejos pastorales de los Colegios, Centros Juveniles, Plataformas Sociales, Clubes Deportivos y Parroquias. He podido saludar a la Familia Salesiana. Creo que a pesar de las restricciones sanitarias que nos han ido acompañando a lo largo del año, he tenido la oportunidad de hacerme presente y enriquecer mi mirada de la inspectoría con todo lo que he podido contemplar y escuchar.

 

 

¿Cuáles son las sensaciones generales tras haber pasado por las Casas?

Tenemos una gran riqueza y un buen ambiente. Cuando he preguntado en diferentes contextos por las fortalezas, han surgido inmediatamente palabras como cercanía, ambiente de familia, acogida… Creo que hay una gran fidelidad en cada casa a la pedagogía salesiana y al legado que se nos ha ido transmitiendo. Esto no significa que no haya dificultades concretas y situaciones personales y organizativas que es necesario afrontar y mejorar.

La situación vivida durante este año ha influido de forma diferente. Hemos pasado malos momentos y hay mucho cansancio, pero en general es un cansancio satisfactorio con la sensación de haber sido generosos en la entrega por los chicos. Hay también un deseo en muchos salesianos mayores de recuperar la presencia en el patio, de poder volver a estar entre los chavales. He percibido una fe que muchas veces parece oculta, pero que supone los cimientos de esa casa construida sobre roca de la que habló Jesús y que ha dado serenidad y firmeza en los momentos de incertidumbre.

Existe un deseo de caminar juntos. Creo que hay sentido de inspectoría y conciencia de que tenemos que ir asumiendo los cambios necesarios para ser fieles a nuestro carisma, a nuestra historia, pedagogía y espiritualidad.

 

¿Cómo ve a los educadores y demás miembros de las casas?

He trasladado tres ideas a todos ellos. En primer lugar, gratitud. Porque sin duda, este curso, en cualquiera de los ambientes, no hubiera sido posible sin la generosidad y entrega vocacional de todos ellos. En segundo lugar, mi convicción de que más que nunca es necesaria la educación con corazón salesiano. Los jóvenes necesitan referentes adultos que les ayuden a construir su proyecto vital y que les escuchen y acompañen desde el testimonio de una fe y una visión ante la vida. Por último, he animado a nuestras Comunidades Educativo Pastorales a centrarnos en los esencial, a relativizar ciertos problemas que generan división y a construir entre todos la unidad y la comunión.

 

¿Cuál ha sido la síntesis del mensaje que ha querido transmitir a las distintas presencias de Santiago el Mayor (SSM)?

Durante los próximos años tenemos que seguir creciendo en una identidad carismática fuerte. Somos custodios de un legado que es la pedagogía y espiritualidad de Don Bosco. Estamos llamados a ser una memoria viva de Don Bosco y para ello necesitamos profundizar en los criterios que movieron su vida. En la asunción de esta identidad salesiana, elemento vocacional que orienta la organización de nuestras casas, nos jugamos el futuro.

Necesitamos un liderazgo distribuido que llegue a muchos equipos de trabajo y que haga a las personas corresponsables del trabajo que en ellas se realiza. La implicación de los jóvenes y de las familias es parte de nuestra pedagogía. La implicación del mayor número de educadores es garantía de futuro. No basta con un pequeño grupo muy identificado, es necesario «capilarizar» esa identidad salesiana y extenderla entre todos los que formamos la Comunidad Educativa Pastoral.

En este tiempo que vivimos, creo que hay una oportunidad para un renacer de la espiritualidad. Estamos llamados a hacer pedagogía de la fe, del encuentro con Jesús y de la oración. El trabajo de la Delegación de Pastoral Juvenil con la propuesta de itinerarios de oración, de acompañamiento y de solidaridad nos brinda estrategias para poder llevarlo a cabo. Sueño con casas salesianas que hagan propuestas cuidadas y abiertas de oración que sean referentes para los jóvenes de un territorio que están en búsqueda de un encuentro con Dios. Casas acogedoras y comprometidas por los más necesitados y vulnerables de la sociedad.

 

¿Un aspecto en el que insistir o dimensión a la que prestar especial atención?

Toca renacer y recuperar cosas que se nos han caído y que forman parte de nuestra manera de entender la educación. No podemos conformarnos ni optar por lo más cómodo. Los jóvenes nos necesitan. Se ha roto la inercia y eso es una oportunidad para recomenzar cogiendo lo bueno y dejando lo que ya no es tan importante mantener.

Podemos haber aprendido a vivir más despacio, a no llenarnos de actividades sin criterio, a cuidar más a las personas, a escuchar, a echar de menos lo que podíamos no valorar lo suficiente. Necesitamos ofrecer espacios de silencio, paz, oración y encuentro con Jesús.

 

¿Una anécdota de alguna de las visitas o algún dato curioso en conjunto?

Bueno, más que una anécdota es la realidad de haber rehecho el calendario varias veces por los cierres perimetrales, los contagios, Filomena y hasta por tocarme ser suplente en la mesa electoral… Me llevo experiencias muy bonitas. Testimonios de salesianos tras la enfermedad y la vivencia de experiencias límite, una comunicación no verbal con un hermano enfermo que me impactó profundamente, testimonios de entrega y generosidad de muchas personas y ayer mismo unas preciosas buenas noches con los niños y adolescentes de la Casa Hogar Don Bosco en Villamuriel que me recuerda lo mucho que estamos haciendo por los chicos que nos necesitan.

 

-Cómo se preparan las casas para este verano de desescalada.

Se ha hecho un gran trabajo coordinado por la Delegación de Pastoral Juvenil para estudiar en cada caso cómo podemos retomar parte de la actividad presencial, atendiendo a las orientaciones sanitarias y a la necesidad de nuestros jóvenes de relacionarse y convivir. En función de eso se compaginarán actividades locales y campamentos de verano. También se recuperarán algunos momentos para la formación de educadores y salesianos que se habían puesto en suspenso y que son fundamentales para seguir avanzando.

 

Con la llegada del verano cierra un curso y comienza otro. ¿Nuevos propósitos?

La programación del próximo curso ya está en marcha. La campaña de pastoral del próximo curso se ha empezado a tejer. El estupendo trabajo en red que en estos años se ha ido construyendo dará sus frutos en esa nueva campaña, con materiales y propuestas que nos ayudarán a profundizar en las líneas marcadas. Las ideas claves van en la línea de renacer, cuidar, acompañar… dimensiones fundamentales del corazón salesiano.

 

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